Tus hijos no son tus hijos… así comienza un poema de Kalil Gibran. Un poema que solo a través de la vivencia se logra comprender.
En estos tiempos de distancias cercanas y cuerpos alejados, el espacio se hace infinito. Y es ahí en ese instante donde uno comprende que sus vidas, sus elecciones y sus caminos son solo de ellos, y está bien, seguramente todos hicimos lo mismo. Sin embargo ante determinados momentos que son hitos en la vida, un casamiento, el nacimiento de un hijo, una enfermedad y la cotidianeidad, la distancia se transforma en abismo. Es ahí en ese instante donde el cuerpo queda paralizado sin poder expresar y fundirse en un abrazo. Es ahí, donde el poema se hace carne y vuelve una y otra vez… «son hijos e hijas de la vida, vienen a través tuyo y no te pertenecen»…
Cuánta verdad, y qué bueno que así sea, y aunque la distancia se sienta en el cuerpo y en el alma saber que están animándose a transitar un vida de a dos, apostando a caminar juntos, deja calma y serenidad de haber dado todos los recursos para que ahora desplieguen sus alas. Sigan siempre mirando para adelante y como dice el poeta…»tú eres el arco, del cual tus hijos como flechas serán lanzados»…
