En este día celebramos a las madres. Nos reunimos, nos abrazamos y nos decimos todo aquello que sentimos y hemos vivido a lo largo de nuestra vida.
Sin embargo, hoy quiero agradecerles a ustedes, porque este vínculo tan especial y único solo es posible gracias a su existencia.
Si bien hay muchas formas de maternar, el vínculo entre una madre y sus hijos es tan profundo y único que solo puede comprenderse al vivirlo.
El nacimiento de cada uno de ustedes me transformó en mamá y me hizo crecer como persona. En ese instante, mi vida cambió para siempre.
Transitamos distintos momentos con cada uno: cercanías, distancias, encuentros y desencuentros. Pero el amor crecía cada día, desproporcionadamente.
Aprendí que el silencio y la espera daban sus frutos. Lloré muchas noches en silencio, pidiendo que los protegieran; tratando siempre de acompañarlos y sostenerlos, de compartir con ustedes mi mirada de la vida y, al mismo tiempo, esperando que encontraran la propia.
Traté de darles todas las herramientas a mi alcance para que eligieran sus caminos.
Hoy, ya adultos, al verlos, no puedo más que agradecer. Los veo íntegros, firmes en sus valores y con una enorme proyección.
Los quiero con el alma.
También quiero agradecer a mi madre, quien me enseñó, a través de sus actitudes, que la paciencia, la escucha y la presencia son algunos de los caminos para acompañar. Y ella, aún hoy, los sigue encarnando.
Gracias por acompañarme siempre en cada decisión de mi vida.
A través de estas líneas, deseo que todas las madres celebren este regalo y miren a sus hijos con todo el amor y la ternura que cada mamá guarda en su corazón.
¡Feliz Día de la Madre!
