En la actualidad la hiperestimulación de información no da tiempo a la decantación, a la reflexión y al desarrollo del espíritu crítico. Este bombardeo de estímulos nos confunde, nos distrae y nos va alejando de nuestro interior. Las palabras se van entrelazando muchas veces perdiendo su significado profundo. Aparecen seudo recetas de felicidad, que impulsan a seguir un camino señalado por el afuera, sin comprender que los seres humanos necesitamos procesos para transitar el propio camino.
En un mundo donde el ruido muchas veces nos aturde quedamos atrapados en laberintos sin encontrar la salida. Es aquí donde la quietud y la calma pueden ayudarnos a encontrar la salida. La quietud es animarse a estar en silencio, a observar el paisaje, es entrar en otro ritmo y sintonía. Y esta quietud nos lleva a la calma, para poder comprender, para poder discernir que camino tomar, que elegir para el bien propio y de los otros.
En este movimiento de adentro hacia afuera vamos desplegando lo propio, lo mas autentico aquello que nos diferencia y a la vez nos complementa. Porque cada uno es necesario en esta trama de la vida para ayudarnos, para acompañarnos y para comprender que la vulnerabilidad, lo imperfecto y nuestras debilidades son las que nos definen como seres humanos.
