Imagen ilustrativa: La geografía del cuerpo

La geografía del cuerpo

Durante el mes de junio transitaremos la segunda estación: La Geografía del Cuerpo.

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Quiero invitarlos a recorrer el cuerpo con atención serena, como quien se adentra en un paisaje conocido y, al mismo tiempo, siempre nuevo. Percibir sus sensaciones, sus tensiones y las emociones que lo atraviesan puede ser una forma de acercarnos a nuestra interioridad.

A veces contamos con mapas para orientarnos, pero solo cuando pisamos la tierra, cuando respiramos su aire y sentimos su pulso, comenzamos verdaderamente a habitarla.

Habitar el cuerpo es reconocer que no solo lo tenemos, sino que somos en él. En su memoria silenciosa se guardan huellas, emociones, pensamientos y experiencias. En este espacio quiero invitarlos a detenerse y a escuchar esa presencia viva que nos sostiene. Solemos decir que “el cuerpo habla”; quizá la pregunta sea de qué manera disponemos el corazón y la atención para escucharlo.

Desde distintas tradiciones también se lo nombra templo del espíritu, ese lugar íntimo y sagrado donde el alma encuentra morada. ¿Cómo se expresa entonces nuestro espíritu a través del cuerpo, en los gestos, en la mirada, en la forma de estar presentes?

Los invito a regalarse unos minutos de pausa para recorrer el cuerpo con delicadeza y presencia, registrando las sensaciones, la temperatura, el latido del corazón, los propios límites y todo aquello que, poco a poco, vaya revelándose.

Desde esa quietud, pueden acompañarnos estas preguntas como una guía sencilla para la escucha interior:

¿Qué sensaciones puedo registrar?
¿Dónde percibo las emociones que surgen?
¿Cómo cuido mi casa?

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