Los seres humanos somos seres biográficos, tenemos una historia que vamos transitando a lo largo de la vida. Y como en los cuentos y las novelas, se va relatando según la experiencia de cada personaje.
En ese peregrinar van quedando imágenes, sensaciones, palabras, olores, expresiones que dejan una huella inolvidable en el cuerpo. Muchas veces de manera consciente y otras inconscientes, pero no por ello menos importantes.
En general cuando no las recordamos quizá sea por que no tuvo demasiada significancia o quizá lo contrario. En ese caso habrá que animarse a indagar, preguntarse y realizar un trabajo sobre sí.
Hay buenos recuerdos que están vinculados con experiencias compartidas, con personas importantes, con momentos que quedaron para siempre en nuestro campo emocional.
Muchas veces esos “buenos momentos” están anclados en la cotidianeidad y en pequeños gestos. Cuanto más “buenos” recuerdos almacenemos mayor será nuestra capacidad para atravesar los momentos de oscuridad y desolación.
El desafío será entonces tratar de generar buenos momentos, simples, en el día a día que nos permita escribir una historia de buenos recuerdos.